Opinión
El enemigo 1, el enemigo 2 y el enemigo 3
Manuel López Torrents, Director General España 'La política Online' ¿Superliga? Lo he dicho una y mil veces e insistiré una y mil veces más: el gran escándalo mundial es el cártel energético, que nos impone unos precios carísimos a la sociedad.
Manuel López Torrents, Director General España 'La política Online'
¿Superliga? Lo he dicho una y mil veces e insistiré una y mil veces más: el gran escándalo mundial es el cártel energético, que nos impone unos precios carísimos a la sociedad. Hoy mismo, el barril Brent se paga por encima de los 67 dólares el barril, precios previos al Covid. Da igual que haya recesión, mega crisis… la energía sigue poniéndonos a todos la pierna en el cuello.
Así, no hay manera de que las economías levanten cabeza. Sin energía barata, es imposible. Y la burbuja renovable mucho colocar filiales en Bolsa, mucho presumir de proyectos en desarrollo, rentabilidad para los inversores… pero por ningún lado sale que el coste energético vaya a bajar para el consumidor, ya sea particular, empresa o país.
El S XXI está trayendo una caída de barreras a muchos negocios tradicionales (desde la telefonía a la prensa, pasando por la televisión, la comercialización de energía; la banca está al caer…), y los que la mantienen, se encierran en sus ventajas de una manera terrible. El caso más palpable es la energía y un precio del crudo estratosférico, que hace de oro a los emiratos, oligarquías o en su día, dictaduras bolivarianas.
Todo eso envía una inflación diferida a las economías que sufren deflación salarial, por la erosión de márgenes en los negocios tradicionales de los países desarrollados. Una inflación que sufre, especialmente el fútbol. Hemos podido verlo ahora, con el espectáculo de la Superliga (European Super League SL, sociedad registrada en España), en el que los principales clubs del mundo se han unido para intentar hacerse con el control de los ingresos del fútbol, algo que tiene un calado enorme.
Implica renegociación de derechos televisivos internacionales, patrocinios y dilución de poderes de la UEFA, la FIFA, La Liga, las federaciones… Un cambio de un calado enorme, no sólo deportivo. El primero que apareció como quien no quiere la cosa es Banco Santander (mejor dicho, Santander, que es como quieren que se les llame), que no renovó patrocinio con la UEFA Champions League, aparentemente, en espera de acontecimientos.
Por cierto, los patrocinios al fútbol en España son los de más alto importe, con mucha diferencia. Santander paga 15 millones de euros anuales sólo por La Liga. Los derechos audiovisuales superan los 2.000 millones de euros. De ellos, el Real Madrid y el Barcelona ingresan algo más de 150 millones y el Atlético unos 120 millones. En Inglaterra, la Premier League casi dobla la cifra y la totalidad de equipos superan los 100 millones.
Los principales equipos, se mueven en cifras similares a Madrid o Barcelona, pero además cuentan con el ‘dopaje financiero’ de sus grandes grupos propietarios, con el jeque del Manchester City y el ‘magnate del gas’ Abramovich de Chelsea como principales ejemplos.
Cruzando el canal de La Mancha, está el fondo soberano de Qatar, propietario del PSG.
Me consta que el Real Madrid llevaba varios años entre molesto y preocupado, por la inflación del fútbol que causaba el dinero de los petrodólares. Lo que en la casa blanca llamaban ‘clubes estado’.
Esa ha provocado que no haya podido retener a su mayor figura histórica, Cristiano Ronaldo y que el Barcelona renovara a Messi aunque fuera perfectamente consciente de que no podría afrontar esa ficha.
Cuando irrumpió el PSG pagando 222 millones de euros por Neymar y también 180 por Mbappé, hubo certeza de que a ese mercado ya no accedían los clubes históricos.
Por eso, han intentado hacerse con el control de los ingresos, a través de una operación financiera y mercantil, pergeñada entre el Real Madrid y JP Morgan. Florentino Pérez logró financiación de inicio a través de JP, la empresa que más dinero gana del mundo, para aportar liquidez de entrada a los clubes, que la necesitaban como respirar, especialmente los españoles e italianos. Los 3.500 millones (ahora, se dice que 3.200) que aportaba JP Morgan, irían contra los futuros derechos televisivos que negociaría el banco de inversión Key Capital Partners, en el que están Aris Laghani y Borja Prado, hombres de confianza de Pérez y con enormes contactos en Italia.
Eso significaba sacar de la gestión de miles de millones de euros a una entidad tan siniestra y opaca como la UEFA. La expectación por su respuesta era enorme y tardó minutos. Amenazas, algunas dignas de El Padrino, promesas a los que traicionen el proyecto y manipulación de las masas, apelando al carácter popular y social del fútbol.
La UEFA, la FIFA o la Liga de Fútbol Profesional. Recuerdo hace unos años, cuando trabajaba cerca del restaurante Zalacaín, el mejor de Madrid. Las noches anteriores al partido de Champions pasaba por enfrente y veía 3,4,5 coches oscuros con el escudo de la UEFA; algún minvan, entrando a cenar. La prensa, esperaba en la puerta. También veía llegar al emisario del Real Madrid, Emilio Butragueño, a participar en ese encuentro, con gesto resignado, ya que ‘el buitre’ es un hombre místico, nada proclive a placeres mundanos.
El que veía ese desfile de coches de lujo, restauración de glamour, era consciente de que, además, había hoteles de altísimo standing, vuelos en business… una organización auténticamente privilegiada. La UEFA gestiona los grandes patrocinios del fútbol y reparte a su consideración los ingresos. Si no estoy mal informado, lo último que ha repartido a los clubes han sido unos 2.000 millones de euros, pero a los grandes les queda la eterna duda de saber cuánto ingresan ellos.
El presidente de la Liga, Javier Tebas, gana más de 3 millones de euros anuales. De Ceferin, ni se sabe. Mi amigo Alberto Ortín dice que se sube el sueldo sistemáticamente. Evidentemente, la defensa de sus sillones será numantina. El que quiera retirarlos, sufrirá sangre.
Para defenderse de la ESL, la UEFA acaba de nombrar vicepresidente al presidente del PSG; el jeque Al Quleaify. Mientras se hacían esas proclamas de supervisión bondadosa para el deporte modesto, los aficionados… la UEFA se apalanca sobre el dinero de los petrodólares, que es el único que parece no sufrir la pandemia.
Al menos, la irrupción de la Superliga ha hecho que los aficionados se cuestionen en qué manos están. El Manchester United está sufriendo una auténtica revolución, que ha provocado la suspensión de su partido contra el Liverpool (tampoco es eso) y que quiere que los dueños, la familia Glazer, abandone el club. Son unos simples inversores en el mundo del espectáculo que no sienten el más mínimo cariño histórico por el club.
Algo que, por cierto, también ocurre en el Valencia.
Lo dicho, los enemigos son el cártel energético, la UEFA y ya entonces podemos cuestionarnos si lo es la Superliga. Tengámoslo claro, porque los dos primeros han sido muy hábiles manipulando la opción pública en su propia defensa, apelando al corazoncito de la gente y los presuntos valores deportivos que ellos defienden. Dejen que me ría. Son lo peor. Aunque parece que en Reino Unido los aficionados ya se están dando cuenta.
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