Un periodista se da cuenta de que se hace mayor a medida que se suceden los obituarios que firma. Hoy toca uno más. Se ha muerto El Loco de la Colina, uno de esos periodistas que yo no sé si se estudian en las carreras de Periodismo, pero debería. Quintero, García, Del Olmo, Hermida. Por lo menos, esos. Por no hablar de Deglané, Soler Serrano, Tico Medina o Carmen Sarmiento. De ellos se aprende más oficio que de algunos profesores.
Hoy toca Quintero, El Loco, el Perro Verde, el de los Ratones Coloraos. Un tipo que estaba muy cuerdo a pesar de los nombres de sus programas y de algún percance médico, pero que era tan original como para titular su mayor éxito radiofónico como una canción de los Beatles y sin embargo ponerle de sintonía a Pink Floyd. Un tipo que jugaba como nadie con los silencios, que se amplificaban de noche, cuando la radio es más mágica y la tele más se parece a la radio.
Vestido de Bumbury, Jesús Quintero, el Loco de la Colina, va a seguir haciendo escuela, aunque nadie le estudie. Como aquella noche, hace ahora cuarenta años, en que anunció desde su programa, sonando Shine on Your Crazy Diamond, que la presa de Tous se había desmoronado. Y que muchos en La Ribera corrían a refugiarse. "Ojalá mi colina fuera más alta y los acogiera a todos", dijo él. Hoy la colina del loco es ya tan alta como para llevarle a él al Cielo de los periodistas locos, es decir, al de los periodistas de verdad.