La huelga de maquinistas que comenzó este lunes y se prolongará hasta el miércoles está provocando cancelaciones, retrasos y un notable descenso en la oferta de trenes en la Comunitat Valenciana, afectando conexiones de Cercanías, media distancia y otros servicios clave. La protesta refleja una profunda insatisfacción con el manejo del sistema ferroviario por parte del Ministerio de Transportes. La convocatoria de los paros para los días 9, 10 y 11 de febrero tiene un trasfondo claro: los maquinistas reclaman mejoras estructurales en la seguridad ferroviaria y en las condiciones laborales tras varios accidentes graves, incluidos los siniestros en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona) que costaron vidas, incluso de trabajadores del sector.
A pesar de varias reuniones entre sindicatos y el Ministerio de Transportes, no se ha alcanzado un acuerdo que permita evitar la huelga. Fuentes sindicales señalan que tras la última cita el Gobierno no ha convocado una nueva reunión ni ha presentado propuestas concretas que satisfagan las demandas, algo que ha sido interpretado como falta de voluntad política para abordar el problema de raíz. En respuesta al conflicto, el Ministerio fijó servicios mínimos elevados —como 75 % en Cercanías en hora punta o 73 % en alta velocidad— que, según los sindicatos, actúan más como “servicios máximos” que como mínimos reales, minando el impacto esperado del paro y dejando sin respuesta la preocupación por la seguridad y mantenimiento.
En la Comunitat Valenciana, muchos viajeros han visto cancelaciones y modificaciones en sus trenes de Cercanías y media distancia, lo que obliga a replantear rutas o recurrir a transporte alternativo. Además, el sector comercial y turístico advierte de efectos negativos en la actividad diaria, especialmente al tratarse de una región con alta dependencia de la movilidad ferroviaria durante la semana laboral.
Crítica al Ministerio
Organizaciones sindicales y representantes de usuarios cargan contra el Ministerio de Transportes por su gestión. En lugar de liderar una negociación que atendiera las demandas de seguridad y mantenimiento antes de que la crisis estallara, el departamento ha permanecido en un papel reactivo, limitándose a fijar servicios mínimos y convocar reuniones puntuales sin propuestas claras de mejora.
Los sindicatos señalan que, mientras el Gobierno se centra en cumplir con los porcentajes de trenes en circulación, no se abordan los problemas de fondo: déficit de personal, mantenimiento insuficiente de la infraestructura y protocolos de seguridad más sólidos. La huelga y el impacto en la Comunitat Valenciana evidencian que, sin una estrategia clara del Ministerio que vaya más allá de los servicios mínimos, el conflicto podría prolongarse y agravar la sensación de descontento entre los usuarios del tren y los trabajadores del sector.