El Gobierno de Israel ha rectificado y permitirá finalmente el acceso del patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, a la Iglesia del Santo Sepulcro, situada en la Ciudad Vieja de Jerusalén, uno de los lugares más sagrados del cristianismo y bajo custodia compartida de distintas confesiones cristianas, entre ellas la Iglesia católica.
La decisión llega después de que inicialmente se restringiera su entrada en el marco de medidas de seguridad adoptadas en un contexto de elevada tensión en la región. Esta limitación generó preocupación en el seno de la Iglesia católica y críticas por parte de representantes religiosos y diplomáticos, al considerar que podía afectar al desarrollo normal de las celebraciones litúrgicas en un lugar clave para la cristiandad.
Desde el Vaticano y distintos responsables eclesiásticos se subrayó la importancia de garantizar la libertad de culto y el acceso de los representantes religiosos a los lugares santos, especialmente en fechas de alta significación litúrgica. El propio Patriarcado Latino de Jerusalén expresó su inquietud por la situación, insistiendo en la necesidad de preservar el carácter sagrado del templo y el normal desarrollo de los oficios religiosos.
Tras la polémica, las autoridades israelíes han dado marcha atrás y han autorizado el acceso del patriarca, permitiendo así que Pizzaballa pueda oficiar y participar en las celebraciones previstas en la basílica.
El Santo Sepulcro, gestionado por varias Iglesias cristianas —entre ellas la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa griega y la Iglesia apostólica armenia— es considerado tradicionalmente el lugar de la crucifixión y resurrección de Jesucristo, lo que lo convierte en uno de los centros de peregrinación más importantes del mundo.